Emociones saludables

Descubriendo mi rol como mujer

Por Ligia de Dávila / Esposa, madre y fundadora Únicas

Nací en un hogar quebrado donde me enseñaron sin decirme una sola palabra cómo se debía vivir.

Aunque mi mamá era religiosa e íbamos casi todas las semanas a la iglesia católica, la ausencia de Dios y Su Palabra era evidente. Mi padre, aunque ya no era alcohólico activo desde que yo nací, se convirtió en alcohólico pasivo (no bebía, pero todas sus acciones eran de uno activo); esa conducta provocaba mucha tensión en casa y principalmente con mis hermanos mayores. Cabe mencionar que, mis hermanos empezaron a consumir alcohol muy jóvenes y eso trajo mucho dolor y mucha tensión. Todo ese caos constante provocó que, a mis 9 años, mi papá tomara la decisión de separarse de nosotros definitivamente.

Al quedarnos solas con mi mamá, la influencia de ella vino a ser mucho más fuerte; aunque mi papá apoyó económicamente para el sustento de la casa desde que decidieron ya no vivir juntos, nunca era suficiente. Recuerdo decir a mi hermana mayor, que muchas veces ayudaba a mi mamá a mover el pedal de la maquina de coser manual porque veía cómo el movimiento le provocaban calambres en las piernas. Siempre, siempre mi mamá fue una mujer muy trabajadora y lo que no lograba dar mi papá, ella lo cubría.

Como lo mencioné al inicio, fui enseñada sin escuchar una sola palabra, mi mamá fue ejemplo de lucha y trabajo en todo momento. No me di cuenta que estaba siendo enseñada a ser fuerte, trabajadora, independiente y sin pensarlo, me convertí en eso; me convertí en una mujer autosuficiente, no necesitaba de nadie; por lo tanto, en una mujer bastante alejada de lo que la biblia nos enseña. No fue hasta en 1980, cuando mi mamá se fue a los Estados Unidos por cuestiones familiares muy difíciles y en medio de la gran soledad que estaba experimentando, una amiga me invitó a la iglesia y tuve el primer encuentro con Jesús. Esa experiencia me permitió empezar a conocer familias cristianas que eran diferentes a lo que conocía. Familias integradas, familias ordenadas y fue ahí, donde empecé a darme cuenta que lo que había vivido hasta ese momento no estaba del todo bien. Había llegado a la conclusión que: O ellas eran raras y no se habían puesto las pilas o algo estaba haciendo mal.

El asunto es que seguí con mi creencia de YO PUEDO SOLA; es más, llegué a pensar: Una relación de pareja conveniente, podía ser muy buena inversión; la pareja te da todo lo que necesitas y sigues haciendo lo que creas que es lo mejor.

Que equivocada estaba; las decisiones erradas, el dolor, las experiencias negativas, las consecuencias de hacer lo que yo creía me conviene, me llevaron a destruir muchas relaciones, incluido hasta pensar en el divorcio.

¿Cómo logré entender que mi forma de vivir no era la correcta? Cuando poco a poco fui descubriendo qué era lo que Dios anhelaba de mí. Anhelaba que fuese una mujer piadosa que dependiese de Él en todo, convencida que, si le llegaba amar con todo mi corazón, sería obediente a sus mandatos y como consecuencia a mi esposo y eso traería bendición a mi hogar.

Al final, no se trata de lo que aprendes, no se trata lo que el mundo te dice cómo debe ser una mujer; se trata que hay una guía en la Biblia de cómo debemos caminar en este camino llamado mundo. El mundo nos ofrece toda clase de placeres que al final pueden traer destrucción. Doy gracias a Dios porque fui intencional en conocer lo que Dios nos dice en Su Palabra, decidí morir a lo que había aprendido e iniciar un nuevo camino de aprendizaje que me ayudó a quitarme el viejo ropaje y ponerme el nuevo y dejarme guiar por el Espíritu Santo de Dios; esa decisión me llevó a vivir una vida en paz, a entender rol maravilloso que Dios me había dado desde antes de la fundación del mundo. Hoy estoy completa, intentando vivir en sujeción del Señor y mi esposo que también ama a Dios.

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