Cuerpo saludable

Mi viaje en la vida saludable

Por Stephanie González / Colaboradora Únicas

Hablar de vida saludable en la actualidad es muy común, entramos a redes sociales y vemos que todos son “fitness” o “saludables”, nos acostumbramos a que nos bombardeen con información de vida saludable, comer bien, hacer ejercicio, tomar agua, pero decirlo, o leerlo es mucho más fácil que vivirlo y hacerlo realidad.

En lo personal, he luchado con mi peso toda la vida, tenía la idea que el número que veo en la balanza, es el que dicta si soy saludable o no; cuando tenía 20 años, decidí ponerme a dieta, cuando los demás me veían, comía ensalada, pero en la noche sacaba del armario una caja de chocolate para recompensarme, y simplemente no lo logré, ese atracón de azúcar nocturno, pasó factura y en vez de bajar, subí.

El siguiente año, volví a intentarlo, pero con una nueva mentalidad, mi objetivo no sólo era verme bien, sino también sentirme bien, con mi cuerpo y conmigo misma. Empecé a comer muy natural, frutas, verduras y muy pocos procesados, mi sobrepeso empezó a ceder y decidí empezar el gimnasio; la combinación maravillosa de dieta y ejercicio dieron como resultado una pérdida de peso increíble, en el primer año logré bajar 25 libras y más motivada que nunca, seguí adelante, ya no me sentía satisfecha con comer bien, sino que necesitaba estar segura sobre la cantidad de calorías que consumía a diario y también, cuántas quemaba en el gimnasio.

El segundo año, logré bajar 33 libras más y aunque yo estaba demasiado feliz con el resultado, las personas alrededor parecían insatisfechas, llegaron comentarios ofensivos, donde me apuntaban de enferma, que así “ya no me miraba bien”, que era demasiado, y en realidad estaba en un peso saludable para mi estatura; pero todos esos comentarios hicieron ruido en mi cabeza, pensaba que si me miraba enferma, que si era demasiado, aunque sabía en mi corazón que era el resultado de mi esfuerzo, de mis ganas de cocinar y de ir a hacer ejercicio, pero como dicen que no todo es para siempre, llegó mi caída, con una alergia severa donde ninguna prueba determinó lo que la provocaba, pero mi cuerpo se estaba llenando de rash y la única medicina fue inyectarme esteroides.

Los esteroides provocan una retención de líquidos y un aumento considerable de peso, durante mi tratamiento quitamos el malestar, pero subí 20 libras, y mi corazón se destrozó, todo el esfuerzo había sido para nada, mi nutricionista quiso referirme a terapia psicológica, ya que mi mente hacía el problema más grande, sólo tenía que seguir adelante y todo regresaría a la normalidad. La verdad es que la mente tiene mucho poder, ya que, a lo largo de esos años subí aproximadamente 20 libras más, seguí con el ejercicio, pero la alimentación ya no fue tan estricta y ese esfuerzo de los 20 se perdió en la historia.

El día de hoy tengo 31 años, no puedo creer que ya haya pasado una década de esa pérdida de peso increíble, donde cumplí una meta que tenía trazada desde la adolescencia, si me leen y no me conocen, pueden pensar que tengo un cuerpo de revista, pero la verdad es que soy una persona normal, todos los días trato de consumir comida “saludable” pero que mi plato esté balanceado, con proteínas, vegetales y carbohidratos, 6 veces a la semana practico natación que es uno de los deportes más completos, trato de dormir 8 horas diarias y tomar 2 litros de agua. Ahora estoy convencida de que la salud no es un número en la balanza, es una decisión diaria de hacer lo que es mejor para mi cuerpo y mi mente.

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