Un matrimonio saludable está cimentado sobre la confianza, transparencia y honestidad. Las parejas con relaciones sanas buscan formas de servir al otro de forma generosa, sin egoísmos. Además, la pareja debe ser el mayor motivador y no el mayor crítico de su conyugue. Si en el matrimonio surge alguna dificultad, que, seguro que la habrá, deben trabajar juntos para encontrar la solución.

El tiempo que le dediquen a la relación matrimonial es la mejor inversión para tener una relación duradera. Un matrimonio no puede sobrevivir sin mucha gracia, por ello se debe practicar el perdón. Cuando se equivoquen deben perdonar y buscar perdón rápidamente, no se debe dejar pasar tanto tiempo porque eso fractura la relación, se debe aceptar la responsabilidad y trabajar para volver a construir la confianza.