Desde la perspectiva divina los hijos son un regalo de Dios y conlleva una gran responsabilidad, por lo tanto, tener hijos es una razón más para aferrase a la cruz de Cristo para buscar su dirección. Muchas madres han criado a sus hijos preocupándose más por la preparación académica y desarrollo profesional por encima del compromiso y llamado de amarlos, disciplinarlos y ocuparse de su ser interior.

Debido a que no hay reglas establecidas para ser una buena madre, la integridad del testimonio de los padres es una pieza fundamental para que desde pequeñitos se les pueda instruir a los hijos por el buen camino. Cuando la mamá está bien internamente puede transmitir bienestar a sus hijos, les muestra amor, cariño y elogios, pasa tiempo con ellos, estimula sus sueños, les tiene paciencia, mantiene la calma, no es agresiva, mantiene sus límites y reglas claras y firmes sobre todo con los adolescentes, si tu hijo siente seguridad y coherencia no le costara cumplir con las normas que se establecen en el hogar.

No existe la madre perfecta, no debes sentirte culpable por eso, la crianza de los hijos involucra muchas situaciones muy estresantes, pero cálmate y busca una solución sin estallar, recuerda que pegarle a un niño no es una forma de educar, es simplemente la expresión de la incapacidad de un adulto para controlar una situación, para disciplinar a un hijo es suficiente con mirarle a los ojos y hablarle con un tono enérgico. Si necesitas apoyo habla con tu pareja, reúnete y plática con otras mamás que puedan aconsejarte sabiamente o busca ayuda profesional.