Niños

Testosterona por doquier

Por Sheila Toledo de Bernal / Esposa, madre de tres, directora de revista Única

Desde mi niñez, al lado de mis hermanos viví rodeada de varones, por lo que jugar a la pelota, deportes y luchas no era nada extraño para mí. Creo que eso me hizo llegar a tener una personalidad más relajada y práctica.

Al casarme y soñar con hijos, siempre tenía la idea de niños, incluso primero busqué nombre de varón y no de nena.

Dios me regalo a mi primer bebé, casi sin dudarlo sabia que era hombre, teníamos su nombre listo, sería “Esteban”.

Luego vino el segundo, aunque al inicio pensaba que era nena por la presión de la gente que esperaban la parejita, sin embargo recuerdo un día al verme al espejo, tuve la convicción que vendría otro nene, pero decidí no dar mi veredicto hasta no estar segura. Y claro está que mi instinto no fallaba, venía mi hermoso “Matteo”. Su llegada fue muy dulce y aunque aprender a cuidar dos pequeñines juntos era difícil, el cuidado del bebé y reconocer similitudes por ser del mismo sexo me dio seguridad y confianza.

Pasaron los años y con ellos el deseo de tener otro bebé, luego de unos procesos difíciles estaba felizmente embarazada.

Esta vez, todos estaban convencidos que venía la nena, incluyendo a mi esposo que comenzaba a soñar con una chiquilla para consentir, sin embargo algo en mi interior me hacía pensar que me sentiría más cómoda con otro niño, además de no desacomodar a mis 2 hijos. Pero sentía que si lo decía en voz alta, pensarían mal de mi. Pasaban los días y me ilusionaba saber qué sexo era, pero pensaba en el deseo de mi esposo y su ilusion me conmovía.

Se llegó el día del ultrasonido y cuando íbamos de camino me dijo : “realmente no importa si es hombre o mujer, amo jugar con los chicos y solo quiero gozármelo”, increíblemente esas palabras me dieron paz y pude expresarme y decirle que en el fondo creía que era niño. Y efectivamente ese día nos dieron la noticia que venía mi tercer varoncito.

Mi corazón se llenó de ilusión y de cierta paz que no podía entender, era como sentirme en “mi salsa”.

Hoy han pasado casi 6 años de ese día, y mi vida gira al rededor de mucha testosterona en casa, rudeza, choques, juegos, simpleza, practicidad, juegos, luchas, tierra, besos, sudor, abrazos, y hasta olores. Ya saboreando la adolescencia en el primero, pre adolescencia en el segundo y disfrutando la infancia del último.

Todos los días pienso que ese es mi lugar, me siento cómoda, siento que mi vida es práctica y entiendo muy bien lo que viven en cada etapa. Honestamente creo que Dios me ayudó y formó desde mi niñez para este tiempo.

Él conoce nuestros gustos, nuestras habilidades y fortalezas, así que Él sabía que yo podía y debia lidiar con 3 varones maravillosos, dinámicos, juguetones y extremadamente cariñosos.

Cabe mencionar que Dios cumplió el deseo del corazón de mi esposo, Andre, el más pequeño desde que era bebé tuvo una conexión increíble con él. Dormía en sus brazos, quería que solo mi esposo lo cargara o le diera su comida, de pronto mi esposo estaba siendo el punto de atención de este pequeñín.

Hoy mi casa está llena de Legos, carritos, pistolas y video juegos y yo siento que para este tiempo nací.

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