Maternidad

La aventura de la maternidad

Por Ana Regina Toledo / Empresaria, madre de 2, capacitadora, equipo Únicas

Mi amiga Gaby estaba esperando a su primer bebé y en una plática, donde me exponía todas esas dudas que surgen en una mamá primeriza ante lo desconocido que estaba por enfrentar, me preguntó: ¿AnaRe, dar de mamar duele? Yo, que en ese tiempo mis hijos tenían 13 y 14 años, sin pensarlo le respondí: Dar de mamar no duele. ¡La adolescencia duele!

Hasta el día de hoy nos reímos del comentario que me salió tan del alma en ese momento. Hoy recordándolo pienso en lo rápido que pasa el tiempo. Suena a frase trillada, pero es cierto.

Mis hijos tienen 22 y 23 años y confirmo lo que siempre digo sobre ser padres: ¡Es una gran aventura! Como en cualquier otra aventura, encontrarás que la maternidad tiene ciertas características…

Riesgo. ¡Vaya si esta no es una aventura que implica riesgos físicos, emocionales y mentales! Primero, el riesgo que es para nosotras el embarazo y el parto. Uff!

Cuando eran pequeños, el riesgo era que no se cayeran o que no se lastimaran con la esquina de la mesa. Conforme los hijos crecen, los riesgos son otros. Oras porque regresen con bien de la competencia que termina a media noche, porque no les rompan el corazón, porque estén seguros mientras viven lejos de ti en un país extraño.

Yo me confieso mamá gallina y Dios me ha procesado y enseñado a confiar. Cuando eres mamá de chiquitos tienes la ilusa idea de control porque están bajo tu techo y los puedes ver, pero cuando crecen y empiezan a hacer una vida lejos de ti, tienes que aprender a soltar.

Soltar no es desentenderte de ellos, es entender que tú como mamá no puedes hacer nada en determinados momentos y debes ponerlos en las manos correctas, en las de Dios. Confiar en que protegerá y guiará a tus hijos en cada paso del camino sin importar cuán lejos se encuentren de ti.

Desafío. La aventura de la maternidad implica enfrentar desafíos que requieren de paciencia, dedicación y muuuuuuuuucho amor. Mis hijos de chiquitos eran bien portados. Creo que la peor travesura de Andrés fue dibujarle un garabato en la planta de pie a una clienta del salón de mi hermana que estaba acostada haciéndose un facial.

De grandes, hmmmmmm. Me tocó pagar los elotes que su papá se comió! No porque sean mal portados, sino porque son intrépidos y los dos hacen cosas que me paran el pelo, como planear tirarse de un paracaídas o hacer “CouchSurfing” en una ciudad extraña (ahí les dejo la tarea de que averigüen qué es lo segundo y que se les pare el pelo también… jajajaja). Así que cuando tus hijos crecen te toca orar por sabiduría, saber cuándo escuchar, cuándo callar y cuándo corregir.

Cuando tus hijos se encuentren ante un desafío, recuerda que es parte de su proceso de maduración y formación de carácter. No corras a resolver todo para ellos. Déjalos encontrar su camino y ora porque en cada proceso Dios los siga perfeccionando.

Exploración. La maternidad es un viaje de exploración constante. Explorar lo desconocido es parte importante de muchas aventuras.

Los hijos, aunque crezcan bajo el mismo techo, son tan diferentes… y desde ahí, desde esa diversidad enriquecen a nuestras familias. Es importante explorar y descubrir lo que hay en el corazón de tus hijos.

Conforme los años pasan, las conversaciones se vuelven más interesantes. Es tan apasionante escuchar a tus hijos hablar sobre sus sueños, su visión de la vida, las decisiones que toman de acuerdo a lo que están aprendiendo. Escúchalos, sin juicios, solo dándote la oportunidad de conocer a esos seres maravillosos que has formado de la mano de Dios y disfruta del fruto de esas semillas que has depositado a lo largo de su historia.

Busca la guía de Dios para descubrir el carácter y la personalidad de cada uno de tus hijos, cómo debes comunicarte con cada uno según sus características tan únicas, cómo corregirlos, etc. Pídele a Dios que te enseñe a acompañar a tus hijos en su propio viaje de descubrimiento y crecimiento.

Autodescubrimiento. Las aventuras son una oportunidad para descubrir más sobre nosotras mismas. Siendo madres aprendemos mucho sobre nuestras fortalezas, debilidades y límites. Sobre todo, aprendemos que Dios nos regala a nuestros hijos para conocernos más.

Mientras más crecen tus hijos, más te enseñan… Mis mayores espejos, son mis hijos. Andrés me tira unas preguntas que me dejan parqueada y reflexionando seriamente… Cuando aprendes que tus hijos te reflejan aquello que tú debes trabajar en ti, se convierten en tus más constantes maestros. Ten la humildad para hacer los cambios necesarios en ti cuando sea necesario. Ora para que el Espíritu Santo de Dios redarguya tu corazón y te muestre cuando el Padre quiera perfeccionarse en alguna de tus debilidades.

Diversión. Una vez superados los peligros y retos de la aventura, descubrirás que son extremadamente gratificantes. Hay personas que dicen que no se puede ser madre y amiga. Yo pienso que no es cierto porque mi mamá siempre ha sido mi más grande amiga desde que tengo uso de razón. Han habido momentos de corrección y otros de gozar inmensamente y así lo he hecho también con mis hijos. ¡Date permiso de disfrutar momentos maravillosos con tus hijos!!!!…

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