Bienestar familiar

Locas-motoras

Por: Rosy Livy Hernández Alvarado de Dardón

Mi amiga Rosario, ex compañera de trabajo de forma sarcástica siempre me pregunta; ¿Cómo te va en casa? A lo que graciosamente respondo: aún estoy cuerda y claramente sé, que no soy ama de mi propia vida, mucho menos ama de casa.

Aunque dejar mi carrera profesional no fue una decisión fácil, sí fue un proceso determinante para el bienestar de mi familia. Al principio esa determinación fue sacudida al ponerla en acción, pues pronto esa decisión clara y precisa se convirtió en reproches y constantes recordatorios internos de los sacrificios vividos por más de 18 años, para lograr una carrera profesional y un digno puesto.

Sin embargo, finalizados 5 años, puedo expresar con gratitud y satisfacción, que al día de hoy estoy recolectando frutos de sanidad, armonía, unidad y bienestar en mi propio hogar. Títulos que una madre y esposa que vive en Cristo valora más que nada en este mundo.

La maternidad cambia totalmente la visión sobre la vida. El objetivo principal es ver crecer en todos los sentidos a nuestros hijos y gozarnos en ese proceso (Salmo 113:9). Para lograr ésto, debemos crecer junto a ellos de manera integral. Somos mujeres convertidas en madres, por lo tanto, seguimos siendo seres soñadores con metas que alcanzar, la mujer que dejaste atrás antes de la maternidad, tenía sus ventajas; pero una madre en busca de metas tiene un motor diferente que la convierte en una mujer feroz, temeraria y potencialmente competitiva. ¡Aprovéchalo!

Las madres profesionales o no, somos como locomotoras o mejor dicho “Locasmotoras” que vamos por la vida de estación en estación, llenando vagones de sentimientos, emociones, sueños y más. Algunos vagones van llenos, otros semillenos y algunos completamente vacíos. A lo largo de nuestra vida existen diferentes estaciones y esto no importará si tu motor (tu alma) está en completo funcionamiento.

Si actualmente te encuentras en una estación donde sientes que tus vagones están vacíos, sin sueños, planes y metas por alcanzar o aún peor, se están llenando de frustraciones, rencores, desilusiones, temores y dudas, sólo puedo decirte… ¡Chica! No eres la única que ha pasado por esa estación. La buena noticia es que tienes un motor que no permitirá que te quedes parada en esa estación toda la vida.

Aprendí en estos años, que el concepto que definas sobre ti en este tipo de estaciones, se proyectará en tus hijos a tal grado que así será su aprendizaje sobre cómo lidiar con estaciones tan malas como éstas. Y te preguntarás ¿cómo?, hace poco logré definirlo para poder expresarlo a través de una sola pregunta de Jesús: ¿Por qué dudaste? Mateo 14:31

La estación más dolorosa de mi vida fue creer que no podría ser madre y la estación más desafiante e inquietante es la de ser madre. ¿Confuso verdad? Por eso digo que las madres no somos locomotoras somos más como”locasmotoras”. La estación de la infertilidad, fue fundamental para poder definirme y presentarme como una mujer renovada en Cristo. Pero esa será otra historia.

Lidiar con la estación de la maternidad trajo a mi vida nuevos desafíos y con ello, la toma de decisiones drásticas. Como la de tomar por completo la educación integral de mis hijos y todo lo relacionado con la casa y hogar. Y como cupón adicional a nuestra vida, la bendita gracia de pertenecer a las familias que viajan por el mundo de los síndromes o diferencias particulares.

Lo de bendita gracia no lo comparto de forma sarcástica, yo creo lo que dice el Señor en su palabra: Que para el justo su descendencia es de bendición. Salmos 37:26, así que ese cupón adicional es una gran bendición a nuestras vidas.

La ferocidad de una madre sale a luz cuando la felicidad, la salud, la integridad o la estabilidad de un hijo e hija se encuentra en riesgo. ¿Estás de acuerdo? Sé que sí. Éntonces imagínate lo que Dios está dispuesto a hacer por ti para que tengas felicidad, salud, estabilidad y que integralmente seas plena. Éntonces, ¡no dudes!. No te autoflageles pensando que porque trabajas no eres buena madre; porque qué te digo, que aún estando en casa, te surgen dudas si lo estás haciendo bien.

Si eres una madre profesional y trabajas, simultáneamente puedes planear, organizar y tomar tu hogar como el proyecto más valioso en tu vida, recuerda que la descendencia es una bendición. Si estás en casa enfócate, encuentra propósitos que impulsen el bienestar integral de tu familia, al final son tu mejor proyecto en la vida. En ambos casos puedes llegar a crecer tanto como lo creas. Todo tiene su tiempo. Eclesiastés 3 me sirvió de mucho, para retomar bajo la voluntad de Dios, proyectos profesionales sin descuidar la bendición de ser madre.

Es una gran “pacaya” esto de ser madre, pero comprendiendo que las pruebas revelan la autenticidad de nuestra fe, fortalecen nuestra alma y nos definen delante de Dios, nos ayudará a proyectarnos ante nuestros hijos, como locasmotoras que van en cada estación por la vida, portando el estandarte de la victoria en Cristo. Que este nuevo año sea de victoria en victoria.

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