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El viaje también hazlo con amor

Por Carla Irene Rodriguez / Madre, profesional y Colaboradora Únicas

Toda la vida es como un viaje, te lo puedes pasar muy bien o puedes estar muy estresada.

Generalmente, el buscar la perfección nos lleva a arruinar un momento o el viaje entero.

¿Verdad que eso se entiende fácil? Pero no se entiende tan fácil cuando se trata de la crianza de los hijos. Tal vez porque los hijos son de alguna manera un espejo en el que nos vemos… y lo que les pasa a ellos me pasa a mí, ¿Será eso? El educar a los hijos es un desafío inmenso porque tú eres única y cada uno de tus hijos es incomparable.

En ese orden, si a tu hijo lo festejan, te sientes festejada… pero si lo castigan te sientes castigada. ¡Peor! Si por su inmadurez pierde la lonchera o el grado… sientes que tú perdiste un tesoro. Te voy a contar de mi viaje para que entiendas…

Mi hijo, antes de los 9 años, se perdía él ¡y todas las cosas! La lonchera, el suéter, los tenis, etc. Yo manejaba mucha frustración por eso, porque nuestra situación económica demandaba austeridad. Muchas veces lloré y me enfurecí por esas pérdidas.

Aunque algo en mi interior me decía: DISCIPLINA “dale un par de buenos y no vuelve a perder nada…” Yo sabía que no es correcto corregir en medio del enojo o la frustración, así que, esperé hasta que un día perdió una cámara fotográfica digital; entonces, un par de días después, según yo calmadamente le expliqué y le di unos cinchazos, los conté y fue sin cólera, pero para mi mala suerte él puso el bracito y le dejé marcado un cinchazo.

Una semana después, me citaron del colegio y la coordinadora me dijo que Diego tenía una marca en el brazo y que ellos por obligación legal, deben reportar cualquier maltrato o agresión a un niño… le expliqué y comprensiva, con mucha misericordia la señora me dijo que no haría el reporte, que entendía, pero que me recomendaba buscar otra forma de corregir sin golpes y casi me da algo de la vergüenza… porque sí lastimé su bracito y ¿tal vez su corazón?

No me arrepiento de esos cinchazos, él lo sabe… pero sí reconozco que tal vez no pude explicar bien la razón y nunca me disculpé por la marca.

Ser mamás perfectas no debiera ser nuestro objetivo, explicar las consecuencias y dejarlos recibirlas podría ser una buena técnica para corregir, pero como cada niño es diferente y no hay manual (decía mi mamá) haz tú como mejor convenga (con la ayuda del Espíritu Santo y la Sabiduría que viene de Dios).

La historia es sólo para decirte que la Ley no prohíbe corregir, no prohíbe pegar, no prohíbe castigar. PROHÍBE AGREDIR, Aquí el punto, agredir no es corregir. CORREGIR es llevarlos a identificar su error y explicarles por qué no deben repetirlo y sugerirles cómo cambiarlo o evitarlo… sin ofender, faltar el respeto o ridiculizar.

Si te parece difícil, sí lo es… requiere más tiempo, paciencia y autocontrol. Requiere ser fuerte para dejarlos que reciban las consecuencias y generalmente serás muy criticada por eso. Porque tus hijos fallarán y sufrirás con ellos las consecuencias.

Los colegios, los profesionales de la salud, las guarderías, niñeros y hasta vecinos, estamos obligados a denunciar las agresiones que recibe un niño. El juez evita separar a padres, e hijos, pero son los hijos heridos (emocionalmente, más que físicamente) los que le dan argumentos al juez y a veces, hasta le piden que los separe.

Concluyo, la crianza con amor es el viaje en el que compartimos lluvia y frío, el sol y calor, los oasis de descanso y el cansancio, lo bueno y lo malo, ¡TODO!, es nuestra responsabilidad evitar en lo posible las agresiones a nuestros hijos. Ellos nunca te van a admirar por “perfecta” porque ellos te conocen en lo más íntimo, pero van a admirar cada acto de dedicación y amor.

Disfrutemos el viaje y eduquemos con amor

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