Bienestar social

El arte de nutrir una amistad

Hoy deseo adentrarte en una historia genuina de amistad, que anhelo te motive y te inspire a vivir tus propias historias de amistad, con sus propios matices.

Yo tengo una amiga que Dios mismo puso en mi vida e hizo que sea un regalo invaluable, tal y como dice Su Palabra en Proverbios 18:24. “hay amigos que son más que hermanos”. Esas personas que saben todo de ti, pero que no te fuerzan, no te juzgan, que saben estar en las buenas y en las malas, quienes te entienden a pesar de lo complicado y enredado que puede estar todo en determinados momentos.

Cuando la Palabra de Dios dice que hay amigos (verdaderos), que son más que hermanos, es porque son aquellas personas que, a pesar de no estar unidas a ti por un vínculo sanguíneo, están contigo porque en su corazón han hecho un compromiso de unión fraternal sólido e inquebrantable; a pesar de las situaciones, la distancia o el rumbo que tome cada una de las vidas dentro de la amistad. Proverbios 17:17.

Hoy quiero compartir contigo acerca de nuestra amistad con alguien que, si no conoces, pero estás leyendo este artículo desde la Revista de Únicas, seguramente has escuchado de ella, su nombre es Sheila Toledo de Bernal, mi amiga, mi mejor amiga, a la que con mucho cariño llamo Chata desde ya hace muchos años. Un distintivo que es muy nuestro, pues nadie más nos llama así, es algo solo entre ella y yo, ambas nos referimos una a la otra como Chata o Chatía.

Nuestra amistad surgió algo forzada o poco natural; ambas asistíamos a un discipulado y llegó el tiempo de ser llamadas a servir a través del liderazgo de un grupo de jóvenes. Para poder servir debíamos hacerlo en pareja con alguien de nuestro mismo sexo, así que nos asignaron como colíderes, todo iba “bien” en el liderazgo y la dinámica del grupo, excepto que no éramos amigas. Nuestro líder en ese entonces, se tomó la tarea de ayudarnos a forjar una amistad y nos pidió que nos reuniéramos con cierta regularidad a tomar un café y abrirnos una a la otra, con el fin de conocernos mejor.

Pasado el tiempo, llegamos a tener una complicidad única, a pesar que aún éramos y a veces lo seguimos siendo, muy discretas con algunas emociones, pensamientos o vivencias, nuestra conexión va más allá de las palabras. Tenemos una unión del alma y espiritual, que nos ha permitido durante 23 años estar siempre la una para la otra.

En todos estos años, no siempre hemos estado “juntas” como tal, me refiero a que unos 3 años después de haber iniciado nuestra amistad, me fui a estudiar a España sin la noción personal que me iba a quedar viviendo allá durante 10 años. Y a pesar de esa década, físicamente distantes, nuestra amistad jamás se enfrió; es más, hoy por hoy, no somos de esas amigas que parecen chicle y que hacen todo juntas. Jamás hemos tenido una amistad de codependencia, puedo decir con mucha certeza que nuestra amistad siempre ha sido forjada en las manos del Maestro.

A inicios de nuestra amistad, hicimos el pacto que hizo David y Jonathan en 1 Samuel 18.1-4 y así como ellos no siempre estuvieron juntos físicamente, se unieron y se amaron uno al otro como así mismos, hasta su descendencia como lo demostró más adelante David con el hijo de Jonathan. Una amistad más allá de lo terrenal, una amistad en Dios. Así es nuestra amistad, sólida, inquebrantable, en las manos de nuestro Padre (una relación pura y genuina).

Con amor y agradecimiento mi Chata, tu amiga Gaby Soberanis.

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