Matrimonio

Cultiva tu relación matrimonial

Las relaciones interpersonales son esenciales en el caminar de la vida, no podemos prescindir de ellas por ningún motivo. Las relaciones con otras personas permiten el desarrollo integral de nuestra personalidad y carácter. Las relaciones son asociaciones entre dos o más personas basados en emociones, sentimientos, planes o intereses en común.

Se pueden mencionar dos tipos de relaciones, la primera es por consanguinidad, la cual se define como el parentesco de sangre, es decir, la relación de familia; la cual no elegimos, sino donde emergemos dentro de ella. Por ejemplo los padres, hermanos, abuelos, tíos, etc. La segunda relación es por afinidad, la cual es aquella que decidimos conservar por coincidir en los mismos gustos, caracteres, opiniones. Puede llegar a tener un respaldo legal, como por ejemplo el matrimonio.

Es importante conocer de dónde procede el concepto relación matrimonial, porque nos indica el propósito del vínculo por el cual dos personas deciden vivir juntas.

El propósito del matrimonio es formar una familia, donde dos o más personas (hijos) puedan sentirse unidas, confiadas, plenas, donde exista cobijo, apoyo, respeto y sobretodo amor.

Por tal razón cuidar la relación matrimonial es de gran importancia, porque se adquiere un compromiso y una responsabilidad para toda la vida y que esta relación sea fuerte, que pueda madurar y que dé como resultado una familia donde haya bienestar y prosperidad con el paso del tiempo.

La Biblia (Reina Valera 1960) dice “y dijo Dios: Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos serán una sola carne. Así que, no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre” (Mateo 19:4–6).

La Biblia nos enseña que es bueno que el hombre tome a una mujer por esposa y que deje a sus padres para unirse a ella. Unirse en matrimonio es dejar la soltería y empezar a vivir una vida junto a su pareja, donde ya no son más por separado, sino un solo cuerpo, una sola mente y persiguiendo un mismo propósito. Para construir una relación matrimonial exitosa debe haber amor, una entrega completa, una buena comunicación, confianza, respeto, recreación, intimidad sexual, productividad e integridad.

Cuando se olvida el propósito del matrimonio por diferentes causas, se pierde el rumbo de la relación. Los afanes del día a día, las heridas del pasado, el menosprecio de los detalles, la falta de comunicación, el tiempo de calidad como pareja, el desorden de prioridades en la vida.

En el libro de Colosenses Capítulo 3 y versículos del 18 al 22 (Biblia Reina Valera 1960) está escrito: “Casadas, respetad a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten. Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios”.

Impresionante como las Escrituras resumen tan poderosamente cómo debe ser la relación matrimonial y la familia, esto es amor y respeto. La obediencia de los hijos hacia los padres y hasta la relación entre personas que ayudan en el hogar.

La relación matrimonial por lo tanto debe cultivarse de manera intencional día a día y recordar en toda circunstancia el amor y el respeto de uno hacia el otro, para lograr el bienestar y la prosperidad integral de la familia.

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