Bienestar familiar

Criando y conectando en casa

Por Claudia Luján

¿Qué es lo primero que piensas cuando escuchas el término crianza?

Quizá, como yo, pienses en niños pequeños, pañales, leche, etc. Y de alguna manera tiene sentido. Según la Real Academia Española -RAE- Crianza, es la obra de criar, nutrir y alimentar.

Pero, ocuparse de la nutrición y el desarrollo de la niñez, implica mucho más. Vacunas, cuidado médico, si entrará al preescolar o a la guardería, sus primeras palabras, entre otros.

Y como si esto fuera poco, como mujeres y como madres en especial, podemos sentir que estamos en medio de una carrera, con una serie de obstáculos por superar.

Cuando ya se sienta, nos preguntamos si iniciará a comer, si dejará el pecho pronto, dará sus primeros pasos en el primer año, o si dejará el pañal algún día.

Y todo esto es agotador, pero relativamente llevadero, hasta que inician con su famoso NO y luego la oposición va en escalada, hasta que un día, cuestionan nuestra autoridad.

Es entonces cuando sacamos todo nuestro, mucho o poco arsenal, en lo relacionado a la disciplina. Criar es un proceso de aprendizaje para grandes y chicos. La crianza no termina con el alimento sólido o el ingreso a la escuela. Guiar, acompañar, nutrir tanto física como emocionalmente, es un camino, en el que adultos, niños e incluso jóvenes, vamos aprendiendo.

Cada vez existe más evidencia sobre la importancia de las relaciones seguras y saludables en los primeros años de vida, se considera que estas serán la base para nuestras relaciones futuras. A tal punto que en los primeros años se construyen lo que llaman “modelos de apego”, claro, porque serán nuestros patrones, guías, muestras, de cómo serán nuestras relaciones a futuro. Como Enrique Rojas dijo “la patria del hombre son sus primeros años de vida”.

Esto se ve claramente, cuando trabajamos o estamos en contacto directo con jóvenes. Marian R. Escritora, expone en uno de sus libros: “la adolescencia es, de cierta manera, el resultado de como nos han ido educando, queriendo y enseñando en la niñez”.

Sería propicio decir, de esta forma, que la crianza, no es una carrera o una prueba de resistencia, es un tiempo hermoso de construcción.

El ingrediente indispensable, la conexión

Sea en nuestra calidad de madre, tía, maestra, cuidadora u otro, toda vez tengamos a cargo niños, niñas o adolescentes, estaremos de acuerdo con que uno de los momentos de mayor tensión es cuando toca corregir, disciplinar.

Sin embargo, esto será mejor recibido si somos adultos que se han podido CONECTAR con ese niño o joven. Es decir, si existe un vínculo de confianza, seguridad y afecto.

La Dra. Karyn Purvis, en su libro “Creados para conectar” básicamente explica cómo somos seres nacidos, diseñados para conectar. ¿Con quién?, primero con nuestro creador, y luego, con los demás. De hecho, nacimos literalmente conectados con nuestra madre a través del cordón umbilical. “El corazón humano anhela conectar y sentir que pertenece. Anhelamos conectar con Nuestro Creador, a cuya imagen se nos hizo y, por la gracia de Dios, esa conexión es posible. Como seres relacionales, también tenemos una profunda necesidad y deseo de conectar con quienes nos rodean. Una de las conexiones humanas más importantes y significativas sin lugar a duda es la de un padre o una madre con un hijo”, Marian Rojas. Encuentra tu persona vitamina. ESPASA.2021

Lo maravilloso de la crianza, es que no se requieren personas perfectas. Únicamente se necesitan adultos que hagan sentir vistos, seguros y escuchados a los niños. Eso es conexión.

What is your reaction?

Excited
0
Happy
1
In Love
0
Not Sure
0
Silly
0

You may also like

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *