BIENESTAR

Colores de cuaresma

Por Claudia Regina /Colaboradora Única

Escribir acerca de la Semana Santa, representa una oportunidad fantástica para manifestar mi libertad espiritual y amplio criterio.

Aprendí con los años y en la medida en que todo mi ser se ha acercado más a Dios, que esta semana puede ser realmente Santa y transformadora para nuestro corazón y, para la valoración que demos al sacrificio de amor que Jesús hizo por nosotros.

Para los cristianos, esta semana es una oportunidad para reflexionar sobre nuestra conexión con el Padre.

Su pasión representada en cada evento vivido, según las escrituras, la mayor expresión de amor que jamás ha existido. ¿Cuántas como ÉL, podemos sujetarnos en obediencia a Dios y a la asignación que nos encomienda? Es más, ¿cuántas hemos alcanzado ya el entendimiento sobre nuestro propósito?

¿Quién de nosotras como Jesús, podríamos callar ante la humillación y el acoso por su causa?

De púrpura se visten los árboles en esta época, como honrando la realeza del hijo de Dios, quien vestido de púrpura fue humillado y cuestionado sobre su identidad. Es imposible que mi corazón y estoy segura que el tuyo, no estallen de gratitud y sean conmovidos cuando recordamos especialmente en esta época, su pasión por nosotros y su amor sin medida y hasta la muerte.

A pesar de ser humillado, maltratado y cuestionado sobre quién era, sostuvo su identidad con la dignidad de un hijo de Rey, esa misma identidad nos fue heredada por amor con su sacrificio, por ello, es imperativo que nunca olvidemos quienes somos y a quién pertenecemos, sin importar qué dimensión tengan nuestras dificultades o las tribulaciones por su causa. Comprendiendo para qué hemos venido al mundo y quién es aquel que merece nuestra honra y de quién de manera única, nos debe importar la opinión y aprobación. Pues de Él somos y para Él vivimos.

Me encanta permitirme disfrutar el aroma a corozo en las calles, representando la fragancia de honra que elevamos a nuestro Padre en gratitud por su inmenso amor, al entregar a su único hijo en sacrificio y a Jesús por modelar obediencia, sujeción, amor, compromiso y lealtad más allá de sí mismo.

Sea pues esta época, un tiempo de profunda introspección, de encuentro con nuestro ser que es amado y afirmado por un Padre que no ha dejado de amarnos y, creer en nosotras a pesar, incluso de nosotras mismas.

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